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Las redes frenaron a Royal Caribbean ¿Por qué no al Tren Maya?

  • Foto del escritor: Gonzalo Vera Carmona
    Gonzalo Vera Carmona
  • 20 may
  • 3 min de lectura

Costa Rica entendió hace décadas que destruir la naturaleza no es desarrollo


Por primera vez en mucho tiempo, las redes sociales lograron algo que parecía imposible en México: presionar lo suficiente para frenar (al menos momentáneamente) un megaproyecto turístico con posibles impactos ambientales graves.


El complejo “Perfect Day México”, impulsado por la empresa Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo, contemplaba infraestructura turística masiva, parques acuáticos y capacidad para recibir hasta 20 mil visitantes diarios cerca del Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo arrecife coralino más grande del planeta. La presión digital, las campañas ambientales y el rechazo ciudadano terminaron empujando a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales a anunciar que no autorizará el proyecto por sus posibles afectaciones ecológicas.


La noticia fue celebrada como un triunfo ambiental y ciudadano. Y sí, lo es. Pero inevitablemente deja una pregunta incómoda: ¿Por qué esa misma presión social no ocurrió con la misma fuerza frente al Tren Maya?

Fotografía tomada en la Fortuna, Costa Rica
Fotografía tomada en La Fortuna, Costa Rica

Porque mientras Mahahual detonó indignación nacional en redes sociales, el Tren Maya avanzó durante años entre desmontes de selva, fragmentación de ecosistemas y denuncias científicas que rara vez lograron convertirse en una conversación pública sostenida. Los datos son difíciles de ignorar.


Diversos reportes ambientales y análisis satelitales han documentado miles de hectáreas deforestadas para la construcción del proyecto ferroviario y obras asociadas. Tan solo en algunos tramos del sureste se reportaron afectaciones a selva mediana y sistemas de cuevas y cenotes interconectados, fundamentales para el equilibrio hídrico de la Península de Yucatán.


A esto se sumó la construcción de hoteles administrados por la Secretaría de la Defensa Nacional en zonas cercanas a las estaciones del Tren Maya. En varios casos, organizaciones ambientalistas denunciaron desmontes acelerados y autorizaciones cuestionadas.


La paradoja es brutal: México centró su modelo turístico en el sureseste cumpliendo un capricho presidencial con serias dudas medioambientales y económicas mientras otros países transformaban la conservación ambiental en su principal ventaja económica. En este paralelismo, aparece el contraste inevitable con Costa Rica.


Fotografía tomada en Alajuela, Costa Rica
Fotografía tomada en Alajuela, Costa Rica

Desde hace más de tres décadas, Costa Rica apostó por un modelo de turismo sostenible basado en proteger sus ecosistemas en lugar de sacrificarlos. Hoy, más del 25% de su territorio está protegido mediante parques nacionales y reservas naturales. Además, el país logró recuperar su cobertura forestal de aproximadamente un 26% en los años ochenta a más del 57% actualmente gracias a políticas de conservación y ecoturismo.


Mientras México continúa viendo su riqueza medio ambiental como espacio disponible para megaproyectos, Costa Rica entendió algo fundamental: la naturaleza no es un obstáculo para el desarrollo turístico, sino el verdadero atractivo.


Ese modelo también tuvo resultados sociales. El turismo representa cerca del 8% del PIB costarricense y genera cientos de miles de empleos directos e indirectos, especialmente en comunidades rurales. Muchas regiones encontraron más rentable conservar bosques, playas y biodiversidad que destruirlos para actividades extractivas o urbanización descontrolada.


México, en cambio, sigue atrapado en una visión de crecimiento donde el éxito se mide en megaproyectos con voracidad medio ambiental y con rentabilidad financiera cuestionable.


Quizá por eso Mahahual resulta tan simbólico. Porque demuestra que algo empieza a cambiar: que las redes sociales sí pueden convertirse en presión política real cuando existe suficiente atención pública. Que la conversación ambiental ya no pertenece únicamente a científicos o activistas especializados. Pero también evidencia algo más incómodo: que la indignación ambiental en México suele llegar tarde, fragmentada y selectiva.


Las redes frenaron a Royal Caribbean.

La pregunta es por qué no hicieron lo mismo cuando la selva junto con la flora y fauna que la habitan comenzó a caer para que pasara un tren.

Gonzalo Vera

2 comentarios

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Greenfit
20 may
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Excelente como lo expones.

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Invitado
20 may
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Excelente punto de vista

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