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¿igualar para abajo? El dilema silencioso de la clase media en México

  • Foto del escritor: Gonzalo Vera Carmona
    Gonzalo Vera Carmona
  • hace 15 horas
  • 3 Min. de lectura

En México, el debate público sobre los salarios suele centrarse en el salario mínimo. No es casual: en los últimos años, su recuperación ha sido un avance. Sin embargo, mientras el ingreso más bajo crece, hay una pregunta incómoda que permanece fuera del foco: ¿qué está pasando con los salarios profesionales y la clase media?


Los datos sugieren una paradoja.

Por un lado, el salario mínimo ha tenido incrementos sostenidos. Para 2026, se ubica cerca de los 9,800 pesos mensuales, tras varios años de aumentos consecutivos. Esto ha contribuido mejorar parcialmente el ingreso de los sectores más vulnerables, pero al mismo tiempo, los ingresos del resto de la población no han crecido al mismo ritmo.


El ingreso laboral promedio en México ronda los 10,800 pesos mensuales, mientras que el de profesionistas se sitúa alrededor de 18,481 pesos.  Incluso hay estimaciones que colocan el salario medio de profesionistas en apenas 11,549 pesos en ciertos cortes estadísticos.


Es decir, la distancia entre el salario mínimo y el ingreso profesional se ha reducido. No necesariamente porque los profesionistas ganen más, sino porque el piso salarial ha subido más rápido que el resto.


La clase media: más cerca de abajo que de arriba

El problema se vuelve más evidente cuando se observa la estructura social del ingreso. En México, la clase media percibe en promedio 22,297 pesos mensuales, frente a los 11,343 pesos de la clase baja y los 77,975 pesos de la clase alta.

La lectura es contundente: la clase media está mucho más cerca de la base que de la cúspide.

Esto tiene implicaciones profundas. Un profesionista promedio puede ganar entre 11,800 y 16,600 pesos mensuales, según nivel educativo.  Es decir, en muchos casos, apenas por encima del promedio nacional y no muy lejos del umbral de vulnerabilidad económica.

En otras palabras: estudiar más ya no garantiza pertenecer (ni mantenerse) en la clase media.


¿Estancamiento o reconfiguración?

No se trata únicamente de niveles salariales, sino de su dinámica. El ingreso laboral ha mostrado crecimientos marginales —en torno al 3% anual—, insuficientes para modificar de forma estructural la distribución del ingreso.  Al mismo tiempo, el mercado laboral muestra una alta concentración de profesionistas en esquemas subordinados (más del 85%), con poca movilidad hacia posiciones de mayor ingreso o capital.

El resultado es un fenómeno silencioso:una profesionalización creciente sin una mejora proporcional en las condiciones económicas.



El consenso silencioso sobre las mal llamadas “pensiones doradas”

En este contexto, no sorprende que reformas dirigidas a dismimuir pensiones previamente obtenidas por la vía legal —como las mal llamadas “pensiones doradas”— no hayan generado una reacción social masiva.


¿Por qué?

Porque para la mayoría de la población, esos beneficios simplemente no existen. En un país donde el ingreso promedio apenas rebasa los 10 mil pesos, los esquemas pensionarios dignos son inexistentes o en los casos más alentadores, lejanos. Además de considerar el embate mediático y la desinformación impulsados desde Palacio Nacional


¿Igualar para abajo?

Si los ingresos más bajos suben, pero los ingresos medios se estancan, el efecto es una compresión salarial hacia abajo. Mientras tanto, la parte alta de la distribución permanece prácticamente intacta: la élite económica sigue concentrando ingresos varias veces superiores a la clase media.


Así, el modelo parece sostenerse en tres pilares:

  • Mejora del ingreso en la base (salario mínimo y programas sociales)

  • Estancamiento y precarización de la clase media

  • Persistencia de la concentración en la cima

    La clase media no solo es un segmento de ingreso: es un proyecto de vida. Es la idea de que el esfuerzo, la educación y el trabajo permiten avanzar.


El riesgo: la erosión de la clase media

El problema de fondo no es solo económico, sino social.

La clase media no solo es un segmento de ingreso: es un proyecto de vida. Es la idea de que el esfuerzo, la educación y el trabajo permiten avanzar.

Cuando esa promesa se debilita, el riesgo no es únicamente la precarización, sino la pérdida de expectativas.


El desafío más importante para el país es evitar que la clase media se diluya. Aquí es donde los gobiernos deben tomar decisiones de política pública que vayan más allá del proceso electoral en turno, buscar que cada vez menos personas requieran de apoyos sociales en los próximos años como consecencia del desarrollo y progreso de las condiciones de vida, así como generar condiciones para sumar a un mayor número de empleos a la formalidad. Sin embargo, el rumbo actual no parece ir en ese sentido.


Es importante señalar que un país que iguala hacia arriba construye prosperidad. Pero uno que iguala hacia abajo, aunque reduzca desigualdades, puede terminar debilitando su propio motor de desarrollo.

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