Teletrabajo mundialista por decreto: una oportunidad desaprovechada para modernizar el servicio público
- Gonzalo Vera Carmona

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La publicación en el Diario Oficial de la Federación del decreto que instruye a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal a implementar esquemas de teletrabajo durante la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 abre una discusión que va mucho más allá de un evento deportivo. La medida busca reducir la presión sobre la movilidad en la Ciudad de México y garantizar la continuidad de las actividades gubernamentales ante una jornada que se anticipa extraordinaria. Sin embargo, también deja en evidencia una realidad incómoda: el teletrabajo continúa siendo visto como una solución temporal y reactiva, cuando debería formar parte de una estrategia integral de transformación organizacional.
El problema no es el teletrabajo. El problema es la forma en que se pretende implementar.
Resulta paradójico que después de las lecciones aprendidas durante la pandemia por COVID-19, y tras años de experiencias exitosas en distintas instituciones públicas, el Gobierno Federal recurra a una medida extraordinaria que parece diseñada para resolver una coyuntura específica, sin que exista una política pública robusta que respalde su operación, evaluación y sostenibilidad.
El teletrabajo no consiste simplemente en trasladar una computadora portátil desde la oficina hacia el domicilio de una persona servidora pública. Tampoco significa convertir una reunión presencial en una videollamada. El teletrabajo es, ante todo, una cultura organizacional basada en la confianza, la corresponsabilidad, la autonomía y la evaluación del desempeño por resultados.
Las organizaciones que han logrado implementar con éxito esquemas híbridos o remotos han entendido que el elemento central no es la tecnología, sino la gestión. Requieren liderazgos capaces de coordinar equipos a distancia, mecanismos claros de seguimiento de objetivos, indicadores de productividad, procesos digitalizados y una cultura institucional que valore el cumplimiento de metas por encima de la supervisión presencial.
Desafortunadamente, el decreto parece partir de una lógica distinta: asumir que el trabajo remoto puede activarse de manera inmediata ante una necesidad operativa, sin reconocer que su éxito depende de capacidades institucionales que deben construirse con anticipación.

Más preocupante aún es que se desaprovecharon experiencias valiosas que pudieron servir como referencia para diseñar una estrategia más sólida. Uno de los casos más relevantes fue el del Instituto Federal de Telecomunicaciones, organismo que durante varios años desarrolló esquemas de trabajo remoto y modelos híbridos acompañados de procesos de digitalización administrativa. Diversos informes institucionales documentaron beneficios asociados a la reducción de costos operativos, optimización de espacios físicos y mejoras en la continuidad de las actividades. Sin embargo, con la desaparición del organismo también se perdió una oportunidad de preservar y aprovechar ese conocimiento institucional para el resto del sector público.
La discusión tampoco debería limitarse al ámbito gubernamental. La Ciudad de México perdió la oportunidad de impulsar, con suficiente anticipación, un programa coordinado con el sector privado para fomentar esquemas temporales de trabajo remoto durante el Mundial. Desde hace meses era previsible que la movilidad urbana enfrentaría retos importantes derivados de la celebración del torneo. Sin embargo, en lugar de construir acuerdos con empresas, cámaras empresariales y centros de trabajo para promover modalidades flexibles, las acciones se concentraron principalmente en medidas de corto plazo.
La experiencia internacional demuestra que el teletrabajo puede convertirse en una herramienta eficaz para enfrentar contingencias de movilidad, fenómenos meteorológicos, emergencias sanitarias e incluso desafíos ambientales asociados a la congestión vehicular. Al mismo tiempo, contribuye a mejorar la conciliación entre la vida laboral y personal, reduce tiempos de traslado y puede incrementar la satisfacción de las personas trabajadoras cuando se implementa bajo condiciones adecuadas.
Pero para que ello ocurra se requiere una visión de largo plazo. La inauguración del Mundial debería servir como un laboratorio para reflexionar sobre el futuro del trabajo en el sector público mexicano. En lugar de decretar medidas extraordinarias para un solo día, sería deseable construir una política nacional de teletrabajo gubernamental basada en evidencia, evaluación y aprendizaje institucional. Una política que identifique qué funciones pueden realizarse de manera remota, qué perfiles requieren presencialidad, cuáles son los riesgos asociados y qué indicadores permitirán medir sus resultados.
La verdadera modernización administrativa no consiste en enviar a las personas a trabajar desde casa durante una jornada excepcional. Consiste en transformar la cultura organizacional del servicio público para que el cumplimiento de objetivos, la innovación y la confianza sustituyan gradualmente a los modelos tradicionales de supervisión basados exclusivamente en la presencia física.
El Mundial terminará en unas semanas. La discusión sobre cómo trabajamos en el gobierno debería permanecer mucho más tiempo.
Gonzalo Vera


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