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Pensar lo que consumimos

  • Foto del escritor: Angélica Lujano García
    Angélica Lujano García
  • 25 nov 2020
  • 5 min de lectura

El modelo de desarrollo orientado hacia los intereses del capitalismo y la acumulación de riquezas, que tiene como característica un crecimiento económico medido en índices del PIB, cuya mayor actividad se centra en procesos industrializados, bajo la influencia de un sistema globalizado que agota los recursos naturales, se vuelve ya un sistema económico insostenible.


El consumismo desmedido adherido a este desarrollo en el que nos encontramos inmersos, ha tenido consecuencias graves en la destrucción del medio ambiente, devastación de grandes hectáreas de bosques, contaminación de ríos, entre otros. Tan solo en 2018 México perdió 262,000 bosques naturales[1], y recientemente en 2020, el Rio Lerma se ha considerado[2] como uno de los más contaminados en el mundo, con afectaciones a la salud de la población asentada en las cercanías del río, consecuencias derivadas de la actividad industrial de procesamiento de alimentos, ropa, plásticos, entre otros.


Por otro lado, este consumismo adoptado y producido a través de la publicidad, la influencia del mundo capitalista globalizado, la industrialización y el comercio internacional, ha penetrado significativamente en nuestra sociedad mexicana, que orienta sus intereses de adquisición en marcas internacionales, productos industrializados, productos importados y por ideas extranjeras, que ha desfavorecido al comercio local y desvalorizado los productos hechos en México.


Ahora bien, parece que no solo el consumismo de productos externos ha vulnerado el comercio local mexicano, la llegada de la pandemia atenuó las desigualdades económicas fuertemente, pues derivado de esto las grandes empresas transnacionales han logrado resistir los cambios económicos por contar con la solvencia económica. Sin embargo, los comercios locales, vendedores ambulantes, productores locales, artesanos y emprendedores, se vieron afectados por no tener la sostenibilidad para enfrentar este tipo de situaciones.


En relación con lo anterior, en el 2018 el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART) publicó el informe “Artesanos y Artesanías, una perspectiva económica” el cual, por medio de una encuesta realizada en conjunto con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dieron a conocer que un poco más de 12 millones de mexicanos se dedican a una actividad relacionada con las artesanías, esto quiere decir que más del 10% de los mexicanos se dedica a elaborar o comercializar sus propios productos. Considerando estos datos y muchos factores más[3], los mexicanos deberíamos ser más conscientes de “a quien le consumimos” “qué consumimos” y “quién se beneficia con este consumo”.


Por ello, siempre es bueno recordar que un producto artesanal es el elaborado totalmente a mano, o con herramientas manuales, y con materias primas procedentes de recursos sostenibles, por lo tanto, el producto artesanal por el que estamos pagando, no sólo está satisfaciendo nuestras necesidades, también está ayudando directamente a quien lo produce, ayudando a mantener vivos estos trabajos y técnicas e, indirectamente, ayudando a mantener los recursos naturales.


Para ser más claros con la información anterior, tomamos como ejemplo a las manzanas. Esta fruta se produce en todos los Estados de la República Mexicana y aun así la manzana que más se consume en México es la que proviene de Estados Unidos. Sin considerar todos los intereses que tiene el capitalismo detrás de todo esto, lo anterior se debe, en mayor parte, por factores estéticos del producto, por las empresas transnacionales que venden este producto o simplemente porque a los mexicanos no nos interesa conocer de dónde viene el producto.

Pero, ¿Y si esto fuera diferente? ¿Si nos interesará saber de dónde vienen los productos que consumimos? ¿Si nos interesara saber a quién beneficiamos al comprar estos productos? ¿Si se prefieran las manzanas mexicanas? ¿Si se preferiría los productos mexicanos en general? ¿Si se prefieran los productos artesanales?

Situaciones atípicas como la pandemia generada por el COVID-19 ha dejado ver la vulnerabilidad de nuestra sociedad mexicana, que enfrenta problemas de desigualdad social y económica, elevadas tasas de desempleo; temas que presentaban síntomas con anterioridad a la pandemia, y que frente a esta atenuó la urgente necesidad de replantear el papel de la sociedad mexicana, nuestra participación como ciudadanos para hacer frente a los escenarios de incertidumbre que se avecinan, entre ellas, el papel que hemos de tomar para encarar la crisis económica y se vuelve transcendental pensar en esta interrogantes sobre el comercio y consumo local en México.


Encarar el futuro desde lo local


La pandemia ha puesto a prueba a nuestra sociedad mexicana, a nuestras familias, nuestros valores de fraternidad, solidaridad, empatía y quizás el mejor modo de avanzar como sociedad mexicana es estrechar estos valores con la ayuda mutua y la cooperación, construir puentes para salir de estos estragos socio-económicos que afectan a los que menos tienen, pero luchan a diario por llevar alimento a sus hogares. Necesitamos unión mexicana, esa unión que se ha demostrado en otras situaciones de emergencia, pero ahora se necesita en el impulso de nuestra economía, comercio y consumo local, esto puede encaminarnos a dar soluciones a temas de pobreza, desigualdad económica, migración, generar espacios de oportunidades de empleo, que como resultado se tenga una mejor calidad de vida, sostenible y sustentable.





Asimismo, para enfrentar el nuevo escenario que plantea la pandemia, se hace necesario pensar en una educación con miras al desarrollo sostenible y sustentable local, que tenga como bases filosóficas, valores de solidaridad y respeto de la vida del planeta, donde el cuidar los ríos, bosques, mares, seres vivos, montañas y todo cuanto haya en nuestra naturaleza, sean los ejes centrales que permitan construir una sociedad mexicana consciente del cambio climático, conscientes de que un cambio necesita y depende de todos. Reflexionar que no se necesita ser del primer mundo para saber que somos ricos en gastronomía, paraísos, artesanías, etc. y que esa riqueza expuesta en conjunto con nuestros pueblos indígenas guarda un profundo significado cultural, histórico, pero sobre todo de un equilibrio natural que debe ser valorado.

Elegir el consumo de productos locales y artesanales beneficia a la economía local, la economía mexicana y además fomenta las prácticas, las técnicas, las costumbres y la cultura en general. Por ejemplo, al elegir comprar una Tlayuda en el puesto o local más cerca de casa, no sólo estas comiendo algo orgullosamente mexicano y de productos frescos que provienen de la tierra, también estas ayudando directamente a la persona que prepara este alimento, a las personas productores de los ingredientes que conlleva la preparación de este platillo, y que estos recursos sostenibles sigan produciéndose; beneficias, valoras y realzas la gastronomía mexicana,; se reconoce el valor cultural e histórico. Con el simple hecho de ser consciente de los productos que vas a consumir hoy puedes hacer un gran cambio.


Conclusiones


En resumidas cuentas, ante los desafíos que nuestra población mexicana enfrenta, el apoyo e impulso de nuestra economía local será una de las vías para evitar que se pierdan muchos empleos, que nuestra identidad colectiva y diversa se desplace, por el contrario esta se verá fortalecida, para ello se necesita un esfuerzo colaborativo para dar y reconocer el valor cultural, social, emocional y económico a los productos locales hechos en México, puesto que en cada platillo mexicano, en las artesanías llenas de colores, en los productos del campo, la ropa hecha con productos naturales de durabilidad se plasma la esencia profunda de nuestra historia, de nuestras raíces. Por ello es importante realizar un pago justo de cada uno de estos productos, evitar el regateo e impulsar el comercio local.


Finalmente, los invitamos a reflexionar; ¿quién se beneficia cuando compramos esos productos? ¿De dónde vienen los productos que compramos?

[1] Gómez T. (2020). Los desafíos ambientales de México para el 2020. Mongabay Latam; Periodismo ambiental independiente; México, disponible en: https://es.mongabay.com/2020/01/los-desafios-ambientales-de-mexico-para-el-2020/ [2] Grajales U. (2020). Asignación Especial; Río Lerma, de los más contaminados en México. Recuperado de https://www.milenio.com/estados/rio-lerma-una-cloaca-enorme-y-maloliente [3] Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (FONART, 2018), Artesanos y artesanías, una perspectiva económica, recuperado de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/330994/ARTESANOS_Y_ARTESANIAS_UNA_PERSPECTIVA_ECONOMICA.pdf



Lujano García Angélica

Rodríguez Rodríguez Rodrigo (Lic. en Derecho)

 
 
 

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